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Naciones Unidas declaró en 2016 el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia y lo fijó en el 11 de febrero. Desde entonces, son cada vez más numerosas las organizaciones y agrupaciones de personas que celebran esta conmemoración. Aunque la reflexión acerca del grave problema de la desigualdad de género en ciencia no debería limitarse a un único día al año, esta fecha al menos está cobrando popularidad dado que los esfuerzos en llamar la atención se concentran y, por tanto, el impacto es potencialmente mayor.  

En el sector STEM (Science, Technology, Engineery, Mathematics) existe un serio problema de falta de vocaciones entre las jóvenes. Las cifras no han cambiado mucho y ni siquiera podemos decir que sean mejores de un año a otro. En otros sectores tales como las ciencias de la salud y la vida, el problema principal no son las vocaciones sino lo que viene después, una vez las jóvenes finalizan los estudios universitarios y se incorporan a un mercado laboral con claros sesgos de género. El caso de la medicina es paradigmático. En Barcelona, por ejemplo, hace más de 30 años que el número de mujeres que acaba los estudios de medicina supera al de los hombres. Sin embargo, a pesar de que el sector profesional está claramente feminizado, el porcentaje de jefas de servicio en los grandes hospitales públicos catalanes no llega al 20%. Tanto a nivel hospitalario como en el sector de la investigación propiamente dicho, la designación de cargos de dirección tiene un claro sesgo de género contra el que es necesario actuar. 

Para combatir estos desequilibrios y sesgos, se están llevando a cabo múltiples estrategias. Algunas de estas buscan sobre todo mostrar referentes: dar visibilidad a mujeres que –como Émilie– hayan destacado en estas carreras y que puedan ser atractivas para las niñas y las jóvenes. Me gustaría compartir aquí un ejemplo de este tipo de acciones que, con gran calidad y mucha proyección, está publicando en la agencia de noticias SINC la periodista científica Núria Jar, una alumni del máster de Comunicación Científica, Médica y Ambiental de la UPF-BSM, gracias a la financiación conseguida a través de la National Geographic Society. Se trata de la audioserie “Las científicas del coronavirus, retratos sonoros de una pandemia”, un podcast de seis episodios en los que explica cómo seis investigadoras españolas están buscando soluciones a la pandemia. La audioserie comienza con la entrevista a Raquel Yotti, directora del Instituto de Salud Carlos III, el principal organismo público de investigación en el ámbito de la salud en España. Una institución que, desde su creación en 1986, solo ha tenido dos directoras (entre las diez personas que han ocupado este cargo). Un ejemplo más de que el sesgo no se soluciona dejando pasar el tiempo. 

Otras acciones se dirigen a mostrar los sesgos – conscientes e inconscientes – que se producen todos los días en el mundo de la ciencia. Algunas de las situaciones en las que se producen estos son, por ejemplo, al evaluar a nuestros “iguales” en su solicitud de financiación de proyectos o en su promoción en la carrera académica, en la identificación de candidatos a un premio y en el dictamen (los Premios Nobel son el galardón científico más prestigioso y a la vez más machista que se conozca), en el orden de la autoría de los artículos científicos, etc. Finalmente, las desigualdades en ciencia se asocian también a los roles que socialmente se han asignado a los géneros y que suponen en la mujer en términos generales una mayor carga de responsabilidades familiares y de cuidado de dependientes. Obviamente, no solo se trata de mostrar los errores o los puntos en los que se pueden producir los sesgos, sino de dar instrumentos y recursos para evitarlos. 

El 11 de febrero nos sirve también para explicar qué se está haciendo, en qué medida se integra la perspectiva de género en la investigación y cómo esto se traduce en datos y cifras reales. En este sentido, merece la pena destacar el papel que tiene el informe SheFigures, de la Comisión Europea, que monitoriza distintos indicadores que miden la situación de la mujer en el sistema de ciencia y tecnología en los distintos países. La visibilización de la evolución de dichos países se considera que puede motivar la puesta en marcha de acciones políticas más decididas.  Finalmente, me gustaría compartir también la labor que se realiza desde la Unitat d’Igualtat de la UPF para reducir las desigualdades de género en todos los aspectos que afectan a la actividad universitaria, incluyendo por tanto, las que se producen en el entorno científico. 

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia no oculta nada, sino que pretende todo lo contrario: hacer visible que este problema sigue existiendo, que es responsabilidad de toda la sociedad y que es necesario conocer e implicarse en las diversas acciones que se están llevando a cabo.  

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